

Daniel Amat: «La música enlatada jamás podrá borrar la humanidad del blues, el son cubano o la bossa nova»
El pianista y productor cubano reivindica el retorno a las raíces y la improvisación frente al dictado de los algoritmos y la inmediatez de la industria
El retorno a las raíces musicales no es una mirada melancólica al pasado, sino la única vía para garantizar una creación artística auténtica. Así lo afirma el renombrado pianista y productor musical Daniel Amat, participante en el encuentro Raíces en diálogo: folklore, jazz y tradiciones afro-latinoamericanas desde Jaén, organizado por la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) dentro de la oferta académica de sus Cursos de Verano de la Sede Antonio Machado de Baeza (Jaén).
En un contexto dominado por la inmediatez del consumo digital y las lógicas de mercado, el músico defiende el estudio de la tradición como una «salvaguarda» frente a las modas pasajeras. «Desgraciadamente, la industria musical no siempre está en manos de los músicos, lo que a menudo da como resultado una música enlatada. Sin embargo, la humanidad que se transmite desde los inicios de la música, ya sea en el blues, la música cubana o la brasileña, no se va a perder jamás por encima de imposiciones o modismos», apunta.
Asimismo, Amat detalla cómo el piano se convirtió en su vehículo idóneo para sintetizar la rigurosidad académica con la libertad de la improvisación jazzística y la pulsación afrocubana. Tras iniciar sus estudios en la trompeta y la percusión, descubrió en el teclado la capacidad de fusionar la dimensión rítmica con la armónica: «En Cuba el piano es un instrumento joven que ha sufrido muchas transformaciones por nuestra riqueza rítmica. Para mí, la trompeta era limitada porque sólo emite un sonido a la vez y me aburría estudiarla; en el piano vi la gloria al poder trasladarle toda la percusión. Es un vehículo magnífico para componer, hacer arreglos y dar salida a todas tus inquietudes musicales».
Además, hace especial hincapié en el hermanamiento histórico y cultural que une a la música andaluza con el Caribe. Para él, el curso permite rastrear los nexos de unión entre el acervo local y la creación global. «Nosotros tenemos muchas raíces de Andalucía en la música cubana. En este curso precisamente buscamos los puntos en común de partida entre la música andaluza y la música global. Al ir a los inicios nos encontramos todos, lo cual es muy satisfactorio», explica, destacando el impacto de la influencia africana en ese mestizaje.
Conectar con la memoria afectiva y familiar
Frente a una industria musical pautada por algoritmos y la inmediatez de las redes sociales, el artista llama a conectar con la memoria afectiva y familiar. «Conectar con las raíces es conectar con la banda sonora que todos llevamos dentro. Cuando le explicas a la gente joven de dónde salen las cosas, se sienten identificados. No se puede empezar la música por un reguetón o lo más actual sin más. Las grandes compañías imponen modas que muchas veces resultan ser un engaño, y ahí el estudio de la raíz actúa de salvaguarda», advierte.
Finalmente, el instrumentista valora el espacio de convivencia real que propician los Cursos de Verano de la UNIA entre alumnado y docentes de diferentes latitudes. «La música tiene la grandeza de que no existen las fronteras. Cuando empiezas a compartir con los alumnos surge una gran compenetración; compartes tus vivencias y ellos las suyas, logrando una enorme comunicación donde sólo queda la música. Como dijo un famoso escritor y poeta cubano, la manera de ser internacional es ser extremadamente nacional. Si eres fiel a lo que sientes y eres sincero en tu propuesta musical, la gente lo va a recibir, porque la música tiene algo mágico que no te permite engañar», concluye.

Daniel Amat: «La música enlatada jamás podrá borrar la humanidad del blues, el son cubano o la bossa nova»
