En ingeniería química, muchas operaciones se diseñan alrededor de “fronteras” bien conocidas: hervir, condensar, disolver, separar. Pero cuando una sustancia se aproxima a su punto crítico, esas fronteras dejan de tener sentido. La línea que separa líquido y gas se difumina hasta desaparecer y el fluido entra en un régimen donde pequeñas variaciones de presión y temperatura cambian de forma notable su comportamiento. Entender qué ocurre en ese umbral —y por qué cada sustancia tiene un par único de valores (Tc, Pc)— es clave para interpretar y controlar procesos que trabajan en condiciones límite.
Este artículo explica qué es el punto crítico, cuáles son sus características físicas más relevantes y en qué se diferencia de un cambio de fase convencional. A partir de ahí, aterriza el concepto en los fluidos supercríticos más utilizados —CO₂, agua y varios hidrocarburos— para conectar sus propiedades con utilidades industriales concretas, desde la extracción y el secado hasta tecnologías de oxidación y valorización de residuos.