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Innovando en docencia y tecnologías para mejorar la experiencia del alumnado

La innovación viene siendo parte esencial desde sus orígenes de los valores y pilares de la UNIA, que incluye en su política institucional diversas iniciativas dirigidas a su profesorado, pero también a su alumnado y personal y abiertas en parte a la sociedad en general.

Tales iniciativas son coordinadas y gestionadas, fundamentalmente, por su Área de Innovación, que desde su creación hacia 2009 y como recogía el Plan de Innovación Docente y Digital de UNIA, viene gestionando su campus virtual bajo un modelo innovador de enseñanza-aprendizaje en red; apoyando y formando al profesorado en materia de e-learning, innovación y competencias digitales; fomentando la innovación educativa a través de convocatorias y otros proyectos innovadores; impulsando la generación de conocimiento abierto con la creación de espacios, recursos y actividades de aprendizaje en abierto online;  y dedicando parte de sus esfuerzos a la difusión en red y transferencia de estas actividades y sus resultados. Desde este apartado de Innovación se facilita la información organizada por líneas.

Modelo de Aprendizaje en Línea de la Internacional de Andalucía (eliA)

Uno de los desafíos más importantes que enfrentan las universidades en su transformación digital es disponer, además de sus programas presenciales e híbridos, de una oferta sólida de programas en línea que alcance a todos los estudiantes, colectivos y profesionales que no pueden acceder a otro tipo de modalidad formativa. 

Recursos de apoyo al profesorado de la UNIA

La Universidad Internacional de Andalucía pone a disposición del profesorado los siguientes recursos digitales que le facilitarán innovar y aportar valor a su docencia online, más allá de las funcionalidades propias de nuestro Campus Virtual y sistemas de videoconferencia: por un lado, licencias de herramientas digitales para la creación de contenidos interactivos innovadores y accesibles; y por otro, recursos diversos sobre inteligencia artificial generativa (IAGen) y educación, con objeto de promover su uso eficaz, eficiente y responsable en la UNIA. 

Herramientas de creación de contenidos

El profesorado de la UNIA tiene a su disposición distintas herramientas digitales para la creación de contenidos interactivos innovadores y accesibles.

Recursos sobre IA y docencia

Los docentes tienen a su alcance también recursos de apoyo sobre IAGen con objeto de promover su uso eficaz, eficiente y responsable en la UNIA.

Líneas de actividad del Área de Innovación UNIA

Gestión de enseñanza virtual

En una Universidad con una fuerte apuesta por las TIC y la enseñanza virtual, desde Innovación UNIA se da soporte técnico y asesoramiento didáctico-pedagógico a los participantes en acciones formativas de la Universidad impartidas mediante TICs y e-learning.

Formación de profesorado

Planes y programas periódicos de Formación del Profesorado en materia de innovación, e-learning y competencias digitales, con sesiones de asesoramiento personalizadas, cursos virtuales, webinars y otros formatos innovadores, algunos abiertos a personas más allá de docentes de UNIA.

Fomento y apoyo a la innovación docente

Convocatorias de innovación educativa y otras iniciativas para apoyar al profesorado de la Universidad y fomentar la excelencia docente y la calidad de la enseñanza-aprendizaje en la UNIA.

Conocimiento abierto y difusión

Actividades y recursos educativos en abierto onine (REA), además de iniciativas de divulgación y transferencia de resultados sobre enseñanza virtual, formación de profesorado e innovación educativa.

Servicios orientados a la calidad de la enseñanza

La Universidad Internacional de Andalucía dispone de los medios personales docentes y los recursos humanos de administración y servicios, así como de los Recursos materiales y servicios corrientes necesarios para la implantación de la oferta formativa presentada,  y así se expondrá en los apartados correspondientes a las memorias de los programas para la verificación de dichos títulos.

A continuación pueden verse los servicios puestos a disposición de dichas actividades e implantadas además en todos los procesos de la UNIA y complementados con su modelo de enseñanza virtual.

Área de UNIA-Tech

El Departamento de Tecnología, UNIA-Tech, desempeña un papel crucial en el funcionamiento y éxito de este modelo. Las funciones de este departamento son variadas y muy específicas.

Área UNIA-Dig

La educación a distancia requiere ofrecer formación en línea enriquecida con contenidos y recursos digitales. Para su desarrollo, se ha creado el Área de UNIA-DIG, que incluye personal altamente cualificado para afrontar este desafío.

Histórico de proyectos

Desde aquí puede accederse a diversos Proyectos sobre Innovación Docente y Digital desarrollados desde 2008 y que ya no están en vigor, tanto convocatorias institucionales coordinadas/ gestionadas desde innovación como iniciativas del propio Área. Además de los datos identificativos de cada proyecto, se incluyen datos e informes sobre sus resultados.

Noticias sobre Innovación en la UNIA

30 Abril 2026
Comunicados de prensa

La UNIA renueva EdTech, su ciclo de entrevistas sobre innovación educativa

12 Marzo 2026
Comunicados de prensa

“Los Innovables”, el podcast de la UNIA, estrena su segunda temporada

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03 Julio 2026, 03 Julio 2026, 02 Julio 2026, 02 Julio 2026, 02 Julio 2026, 02 Julio 2026, 02 Julio 2026, 02 Julio 2026, 02 Julio 2026, 01 Julio 2026

La Sede Tecnológica de Málaga cierra con un curso sobre disciplina territorial en Andalucía su programación de los Cursos de Verano

La Sede Tecnológica de Málaga de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) cierra su programación de los Cursos de Verano 2026 con el curso La disciplina territorial y urbanística en Andalucía, dirigido por Mª Gema Macías, jefa de Área de Inspección de Ordenación del Territorio y Urbanismo.

El curso se imparte del 6 al 9 de julio. Y pretende acercar al alumnado al sentido que ofrece la ordenación del territorio (escala autonómica) y el urbanismo (escala local) cuando, supedita a elementos físicos (orografía del terreno, zonas inundables...), técnicos (código técnico de edificación, normas para evitar incendios...), jurídicos, sociológicos, etc., el establecimiento de unos usos en el terreno (por ejemplo, prohibiendo construir en zonas inundables).

Durante el mismo se expondrán las potestades públicas que convergen para procurar reconducir a la legalidad las actuaciones ilegales; no porque deban simplemente cumplir la normativa sino porque esta norma existe por una dimensión que ha ponderado cuestiones de seguridad para las personas, salubridad, etc., que a menudo se olvidan cuanto la patología urbanística se extiende sin control por determinadas zonas de litoral, de alta demanda turística o cerca de las urbes.

Para ello, participan como ponentes: José Andrés Moreno Gaviño, director general de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Agenda Urbana de la Junta de Andalucía; José Caro, coordinador de Inspección de Ordenación del Territorio y Urbanismo de la Junta de Andalucía; Ignacio Gil-Bermejo, inspector jefe de Área de Planificación; Luisa Teresa Chamizo, Virginia Pérez Pino, Antonio Jesús Amador, Encarnación Molina y Nicanor García Arenas, inspectores provinciales de Ordenación del Territorio y Urbanismo, y Ana María Díaz Rodríguez, inspectora de Ordenación del Territorio y Urbanismo.  

En esta edición la programación de la Sede Tecnológica ha estado integrada por 5 cursos, un curso y 4 encuentros, que comenzaron el pasado 22 de junio y finalizan esta semana del 6 al 9 de julio.

Cursos de Verano

La oferta global de los Cursos de Verano de la Internacional de Andalucía en esta edición es de 39 cursos y encuentros, dividida en cuatro grandes bloques temáticos: transformación digital, donde la Inteligencia Artificial (IA) mantiene un papel protagonista, que se analiza desde ámbitos como la educación, la minería, la agroindustria, la logística y la salud; sostenibilidad, sobre todo a través de la transición energética; cultura e identidad y el territorio, con cursos donde se aborda la economía social, los puertos, la agroindustria e, incluso, el rol en Europa.

Tras los cursos de la Sede de Málaga tendrán lugar los de la Sede de La Rábida (Palos de la Frontera), del 7 al 23 de julio, y los de la Sede Antonio Machado (Baeza), del 18 de agosto al 4 de septiembre. A esta oferta se suman por segundo año consecutivo los cursos en Jerez, donde en colaboración con el Ayuntamiento y la Universidad de Cádiz (UCA) se realizarán 4 cursos de verano.

Los Cursos de Verano de la UNIA cuentan, por tercer año, con la colaboración en su programa de becas de la Fundación Unicaja.

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Los ecosistemas naturales y la fauna silvestre se han consolidado como una pieza clave e inseparable en la monitorización de las amenazas biológicas modernas. Lo que ocurre en los entornos naturales determina de forma directa la efectividad de la medicina humana y la aparición de nuevas crisis sanitarias debido a la interconexión generada por los movimientos migratorios y el calentamiento global.

Así lo apunta Jordi Figerola, investigador líder en enfermedades zoonóticas y responsable de grupo en el Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), y ponente en el encuentro Adquisición y diseminación de resistencia a los antibióticos. Del ecosistema natural al microbioma humano: situación y retos actuales, de los Cursos de Verano, que se celebra en la Sede Tecnológica de Málaga. El científico expone cómo los patógenos y las resistencias viajan por el planeta de la mano de la biodiversidad animal.

«Se está encontrando una presencia elevada de bacterias resistentes a antibióticos en las aves, lo que permite que las dispersen durante sus movimientos», advierte Figerola. El epidemiólogo detalla que este fenómeno carece ya de fronteras geográficas: «Se han hallado estas bacterias incluso en aves que se reproducen en la Antártida; probablemente entran en contacto con ellas al visitar zonas tropicales durante el invierno austral y luego las transportan de vuelta. Del mismo modo, las aves de nuestro entorno también están expuestas y las desplazan en sus trayectos».

Inviernos suaves y mosquitos activos más tiempo

Más allá de la dispersión de las superbacterias, el ponente ha puesto el foco en la manera en que los cambios climático y global están acelerando drásticamente el salto de infecciones de animales a personas en el territorio nacional. Los nuevos patrones térmicos están reconfigurando por completo el comportamiento de los insectos vectores.

«Debido a un clima cada vez más suave, por ejemplo, en invierno, las poblaciones de mosquitos están activas durante periodos más largos: empiezan a reproducirse antes en invierno y terminan más tarde en otoño, lo que alarga los periodos de transmisión de enfermedades», explica Figerola.

A este factor estacional se suma la consolidación de especies invasoras en el sur de Europa. «La introducción del mosquito tigre ha permitido que enfermedades que antes no tenían mecanismos de transmisión en Europa, como el Dengue o el Chikungunya, ahora sí puedan transmitirse localmente si llega gente infectada de viajes internacionales», apunta.

El punto ciego de la salud ambiental

Sobre las principales flaquezas de los sistemas de prevención epidemiológica actuales, el experto del CIBERESP apunta directamente a la fragmentación de la gestión sanitaria. Para Figerola, el punto más desatendido sigue siendo la desconexión entre disciplinas, un obstáculo que la estrategia internacional “One Health” busca corregir.

«Aunque está mejorando, uno de los puntos más desatendidos es la integración necesaria entre salud ambiental, salud animal y salud humana», relata. «Los problemas que afectan al medio ambiente acaban afectando a los animales y a las personas, por lo que la estrategia más efectiva es abordar todos estos problemas de manera simultánea».

Para concluir, el investigador ha hecho un llamamiento a la inversión pública en ciencia básica como la única vía efectiva para anticiparse a los escenarios futuros del calentamiento global. «Es complicado, pero está claro que nos hace falta más investigación. En muchos casos desconocemos los mecanismos por los cuales se producen estos cambios; sin conocerlos, es muy difícil comprender cómo responderá el sistema a las variaciones del clima y el ambiente provocadas por la actividad humana», concluye.

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El medio ambiente ha pasado de ser un actor secundario a convertirse en la primera línea de defensa epidemiológica en la lucha contra las superbacterias. El uso deficiente de fármacos en los hogares y una gestión mejorable de los residuos industriales y ganaderos están convirtiendo las aguas y los suelos en la incubadora idónea para mutaciones bacterianas, que, finalmente, terminan desarmando la medicina convencional en los hospitales.

Así lo ha afirmado Jaime Villaverde, científico del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Sevilla (IRNAS-CSIC) y experto en biorremediación,y director del encuentro Adquisición y diseminación de resistencia a los antibióticos. Del ecosistema natural al microbioma humano: situación y retos actuales, de los Curso de Verano en la Sede Tecnológica de Málaga; cuyo objetivo es abordar esta amenaza bajo el prisma global de One Health (Una sola salud).

«Hasta ahora el medio ambiente no había recibido la atención suficiente en este campo», reconoce Villaverde, quien explica que la pandemia de la COVID-19 marcó un punto de inflexión al demostrar que la presencia de virus en las aguas residuales servía como un espejo de monitorización epidemiológica en tiempo real. «Bajo el enfoque de 'una única salud', se ha comprobado que la salud ambiental es básica para cuidar la salud animal y humana. En el medio ambiente existen presiones selectivas debido al mal uso de antibióticos que provocan el desarrollo de nuevas resistencias en bacterias que luego regresan a nosotros», advierte.

El peligro oculto en el ámbito doméstico

Lejos de lo que se suele pensar, el origen de esta contaminación microbiana no se restringe únicamente a los vertidos de la industria farmacéutica o de los grandes centros hospitalarios. El investigador ha revelado un dato definitivo: la mayor parte de estos residuos provienen del ámbito puramente doméstico.

«El 90% de los antibióticos que tomamos en nuestro día a día se mantienen como sustancias activas o no son metabolizados por nuestro cuerpo, vertiéndose directamente a la naturaleza a través de las excreciones y la orina», afirma Villaverde. Estos componentes químicos van a parar a las plantas de tratamiento de aguas residuales urbanas, generando la presión selectiva que propicia la diseminación masiva de genes resistentes en el entorno natural.

Puntos críticos: de la atención primaria al campo agrícola

Para atajar esta problemática a escala internacional, el director del encuentro señala la necesidad de actuar de manera urgente en dos sectores críticos. En el plano clínico y médico, insta a fomentar un uso racional de los fármacos en atención primaria mediante la realización de cultivos previos que distingan con certeza si una infección es vírica o bacteriana, evitando así la prescripción innecesaria de tratamientos.

Por otro lado, en el plano veterinario y medioambiental, califica de “urgente” el endurecimiento de las normativas sobre la aplicación de estiércoles y biosólidos como enmienda orgánica en terrenos agrícolas. «Deben ser tratados adecuadamente; si no lo hacemos, las resistencias y los contaminantes llegarán de forma directa a la cadena alimentaria o se filtrarán hacia las aguas subterráneas de las que dependemos», advierte.

La “combinación perfecta” de la ciencia actual

Respecto a las herramientas técnicas disponibles para adelantarse al problema, el científico del CSIC ha puesto en valor el enorme salto cualitativo que ofrece la metagenómica, una disciplina que el alumnado del encuentro conocerá de primera mano. «Las herramientas moleculares actuales son fundamentales porque son rápidas y fiables, permitiendo detectar más de 384 genes de resistencia en una única muestra», detalla.

Sin embargo, Villaverde quiere romper una lanza en favor de los métodos científicos tradicionales de laboratorio frente al auge puramente molecular. «No debemos olvidar las técnicas de cultivo biológico tradicionales. Es totalmente necesario verificar si existen células viables capaces de desarrollar fenotípicamente esa resistencia en un entorno real. La combinación de técnicas moleculares y cultivos bacterianos es, sin duda, la combinación perfecta», concluye.

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Los biomarcadores se han convertido en una herramienta clave para comprender mejor cómo aparecen, evolucionan y responden al tratamiento muchas enfermedades. Gracias a ellos, la biomedicina puede pasar de observar solo los síntomas visibles a analizar señales biológicas medibles, presentes en la sangre, los tejidos, el líquido cefalorraquídeo, la imagen médica o los datos moleculares.

Su importancia es especialmente evidente en áreas como el cáncer, el Alzheimer o la medicina personalizada, donde ayudan a detectar alteraciones, estimar riesgos, clasificar enfermedades y orientar decisiones clínicas e investigadoras. Comprender qué es exactamente un biomarcador, qué tipos existen y por qué son tan relevantes en la investigación biomédica actual resulta fundamental para entender el avance de la medicina moderna.

Qué son los biomarcadores

Los biomarcadores son señales biológicas medibles que ayudan a interpretar qué está ocurriendo dentro del organismo. Igual que la fiebre puede indicar que el cuerpo está respondiendo a una infección, otros cambios menos visibles, como la concentración de una proteína en sangre, una mutación genética o la acumulación de determinadas moléculas en un tejido, también pueden aportar información sobre un proceso biológico o una enfermedad.

Estas señales pueden detectarse en distintas muestras o pruebas, como la sangre, la orina, los tejidos, el líquido cefalorraquídeo, las pruebas de imagen o los análisis moleculares. Por eso, un biomarcador no tiene por qué ser siempre una molécula concreta: también puede ser un patrón, una medida fisiológica o un cambio observado mediante tecnología médica. 

En biomedicina, los biomarcadores actúan como una ventana a procesos que ocurren dentro del organismo y que no siempre pueden observarse directamente. Gracias a ellos, es posible convertir cambios biológicos complejos en información medible y analizable.

Para que una señal biológica pueda considerarse un biomarcador, debe poder medirse de forma objetiva, reproducible y estar asociada a un proceso biológico, una condición de salud o una enfermedad. Además, esa relación debe estar respaldada por evidencia científica que permita interpretar su significado con fiabilidad.

Para qué sirven los biomarcadores

Los biomarcadores sirven para convertir señales biológicas del organismo en información útil para la biomedicina. Su valor está en que permiten interpretar cambios internos de forma objetiva, a partir de datos medibles y comparables.

En algunos casos, permiten apoyar la detección o el diagnóstico de una enfermedad. En otros, ayudan a estimar cómo puede evolucionar, a valorar la probabilidad de respuesta a un tratamiento o a seguir los cambios que se producen a lo largo del tiempo. Por eso, los biomarcadores son especialmente relevantes en áreas como la oncología, las enfermedades neurodegenerativas y la medicina personalizada.

También tienen un papel importante en investigación biomédica, ya que permiten estudiar mecanismos de enfermedad, clasificar pacientes, identificar nuevas dianas terapéuticas y evaluar la eficacia de intervenciones o tratamientos en desarrollo.

Biomarcadores de diagnóstico

Los biomarcadores de diagnóstico ayudan a identificar la presencia de una enfermedad o de una alteración biológica concreta. Su función es aportar una señal medible que pueda apoyar el proceso diagnóstico junto con otras pruebas, la valoración clínica y el contexto del paciente.

Por ejemplo, la troponina cardíaca se utiliza como biomarcador de daño miocárdico en el estudio del infarto de miocardio. Su presencia elevada en sangre puede indicar lesión en el músculo cardíaco, aunque su interpretación debe realizarse junto con otros datos clínicos y pruebas complementarias.

Biomarcadores de pronóstico

Los biomarcadores de pronóstico aportan información sobre la posible evolución de una enfermedad. No indican necesariamente qué tratamiento funcionará mejor, sino que ayudan a estimar aspectos como el riesgo de progresión, recaída, complicaciones o gravedad.

Un ejemplo es la proteína C reactiva de alta sensibilidad, utilizada como marcador de inflamación sistémica y estudiada por su relación con el riesgo cardiovascular. En este contexto, sus valores pueden aportar información sobre la probabilidad de desarrollar eventos cardiovasculares o sobre la evolución de determinados procesos inflamatorios.

Biomarcadores predictivos

Los biomarcadores predictivos ayudan a estimar la probabilidad de respuesta a un tratamiento concreto. Son especialmente importantes en medicina personalizada, ya que permiten relacionar determinadas características biológicas con la eficacia, la falta de eficacia o el riesgo de efectos adversos ante una intervención.

Un ejemplo es el alelo HLA-B*57:01, asociado a un mayor riesgo de reacción de hipersensibilidad al abacavir, un fármaco antirretroviral. Su análisis permite identificar a pacientes con mayor probabilidad de presentar esta reacción y orientar la decisión terapéutica antes de iniciar el tratamiento. Este tipo de biomarcador también muestra cómo los datos genómicos pueden aplicarse a la toma de decisiones biomédicas, ya que parte del análisis de información genética concreta. 

Biomarcadores de monitoreo o seguimiento

Los biomarcadores de monitoreo o seguimiento permiten observar cómo cambia una enfermedad o una respuesta biológica a lo largo del tiempo. Para ello, se miden de forma repetida y se comparan sus valores en distintos momentos.

Un ejemplo es la hemoglobina glucosilada, o HbA1c, utilizada en diabetes para valorar el control glucémico durante un periodo prolongado. Al reflejar la evolución media de la glucosa en sangre, permite seguir el estado metabólico del paciente y valorar si las medidas terapéuticas o de estilo de vida están produciendo el efecto esperado.

Tipos de biomarcadores según su naturaleza biológica

Además de clasificarse por la función que cumplen, los biomarcadores también pueden diferenciarse según el tipo de señal biológica que se analiza. Esta clasificación permite entender de dónde procede la información: del ADN, del ARN, de las proteínas, de los metabolitos, de una imagen médica o de una medida fisiológica.

Esta distinción es importante porque cada tipo de biomarcador requiere técnicas de análisis diferentes y aporta información sobre una capa concreta del organismo.

Biomarcadores moleculares

Los biomarcadores moleculares son señales biológicas basadas en moléculas que pueden medirse en una muestra del organismo. Pueden estar formados por ADN, ARN, proteínas, metabolitos u otros componentes celulares que aportan información sobre un proceso biológico o una enfermedad.

Su utilidad está en que permiten estudiar alteraciones que ocurren a escala celular y molecular, antes incluso de que sean visibles mediante otros signos o manifestaciones clínicas. Gracias a ellos, es posible comprender mejor qué mecanismos biológicos están implicados en una enfermedad, diferenciar subtipos dentro de una misma patología o identificar cambios asociados a la respuesta ante una intervención.

Muchos biomarcadores moleculares se identifican mediante técnicas asociadas al análisis de datos ómicos, como la genómica, la transcriptómica, la proteómica o la metabolómica. 

Estas aproximaciones permiten analizar grandes volúmenes de información biológica y detectar patrones útiles para la investigación, el diagnóstico, la clasificación de enfermedades y el desarrollo de terapias más dirigidas.

MÁSTER EN ANÁLISIS DE DATOS ÓMICOS Y BIOLOGÍA DE SISTEMAS

Biomarcadores genéticos y genómicos

Los biomarcadores genéticos y genómicos son aquellos relacionados con el ADN. Pueden consistir en variantes genéticas heredadas, mutaciones adquiridas, alteraciones cromosómicas o cambios en regiones concretas del genoma que aportan información sobre una condición biológica o una enfermedad.

Los biomarcadores genéticos suelen hacer referencia a cambios concretos en uno o varios genes. En cambio, los biomarcadores genómicos tienen un alcance más amplio, ya que pueden analizar patrones o alteraciones en el conjunto del genoma. Esta diferencia es importante porque no siempre se estudia una única mutación aislada: en muchos casos se analizan perfiles genómicos más complejos.

En biomedicina, estos biomarcadores pueden ayudar a identificar predisposición a determinadas enfermedades, clasificar subtipos biológicos, estudiar la evolución de un proceso patológico o valorar la posible respuesta ante una intervención. 

Su análisis se apoya en técnicas como la secuenciación genética y otras herramientas de estudio del ADN.

Biomarcadores transcriptómicos

Los biomarcadores transcriptómicos están relacionados con el ARN y con los patrones de expresión génica. A diferencia de los biomarcadores genéticos, que analizan cambios en el ADN, los transcriptómicos permiten observar qué genes están activos, en qué medida se expresan y cómo cambia esa actividad en una célula, tejido o condición concreta.

Este tipo de biomarcador es útil porque una enfermedad no siempre depende solo de que exista una mutación, sino también de cómo se regula la actividad de los genes. Por ejemplo, un gen puede estar presente sin alteraciones estructurales, pero expresarse de forma excesiva, insuficiente o diferente según el estado biológico del organismo.

Los biomarcadores transcriptómicos pueden incluir ARN mensajeros, microARN u otros ARN no codificantes. Su estudio permite identificar patrones asociados a procesos como inflamación, respuesta inmunitaria, proliferación celular, daño tisular o progresión de una enfermedad.

Biomarcadores proteicos

Los biomarcadores proteicos son aquellos basados en proteínas o en cambios relacionados con ellas, como su concentración, estructura, modificación o presencia en determinados fluidos y tejidos. Las proteínas tienen un papel central en el funcionamiento del organismo, ya que intervienen en procesos como la comunicación celular, la respuesta inmunitaria, el metabolismo, la reparación de tejidos o la actividad enzimática.

Su utilidad se debe a que muchas enfermedades alteran la producción o el comportamiento de determinadas proteínas. Por ejemplo, una proteína puede aparecer en concentraciones más altas o más bajas de lo habitual, modificarse químicamente o liberarse a la sangre como consecuencia de daño celular. 

Estos cambios pueden aportar información sobre procesos inflamatorios, lesión tisular, neurodegeneración, respuesta inmunitaria o progresión de una enfermedad.

Biomarcadores metabólicos

Los biomarcadores metabólicos son aquellos relacionados con metabolitos, es decir, pequeñas moléculas que se producen o transforman durante las reacciones químicas del organismo. Estos compuestos reflejan la actividad de rutas metabólicas vinculadas a procesos como la obtención de energía, la respuesta al estrés celular, la inflamación, la función hepática o el equilibrio hormonal.

Su utilidad está en que permiten observar cambios funcionales del organismo en un momento concreto. A diferencia de otros biomarcadores que muestran información genética o molecular más estructural, los biomarcadores metabólicos pueden reflejar cómo está respondiendo el cuerpo ante una enfermedad, una alteración fisiológica, una intervención terapéutica o un cambio ambiental.

El estudio de estos biomarcadores se apoya en técnicas como la metabolómica, que analiza de forma amplia los metabolitos presentes en muestras biológicas como sangre, orina, tejidos u otros fluidos. Este enfoque permite identificar patrones metabólicos asociados a enfermedades y detectar alteraciones biológicas relevantes. 

Biomarcadores de imagen

Los biomarcadores de imagen son señales obtenidas mediante técnicas como la resonancia magnética, la tomografía por emisión de positrones, la tomografía computarizada o la ecografía. A diferencia de los biomarcadores moleculares, no se basan en una molécula concreta, sino en cambios observables en órganos, tejidos o estructuras del organismo.

Permiten visualizar alteraciones anatómicas o funcionales que pueden asociarse a una enfermedad. Por ejemplo, una pérdida de volumen en una región cerebral, una acumulación anómala de determinadas sustancias o un cambio en la actividad metabólica de un tejido pueden actuar como biomarcadores de imagen si aportan información relevante sobre un proceso patológico.

Biomarcadores fisiológicos

Los biomarcadores fisiológicos se basan en medidas funcionales del organismo, como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la capacidad respiratoria o determinados parámetros eléctricos y funcionales. Estos datos ayudan a evaluar cómo está funcionando un sistema biológico en un momento determinado.

Estos permiten observar alteraciones en funciones corporales que pueden estar relacionadas con una enfermedad, un cambio fisiológico o la respuesta ante una intervención. Por ejemplo, una presión arterial persistentemente elevada puede funcionar como señal medible de alteración cardiovascular y orientar la valoración del riesgo o del estado de salud de una persona.

Los biomarcadores en el cáncer

En oncología, los biomarcadores tienen un papel especialmente relevante porque el cáncer no es una única enfermedad, sino un conjunto de procesos caracterizados por alteraciones biológicas muy diversas. Dos tumores localizados en el mismo órgano pueden presentar comportamientos distintos si sus características moleculares, celulares o genéticas no son iguales.

Por eso, el estudio de biomarcadores permite analizar el cáncer con mayor precisión. Estas señales pueden ayudar a conocer mejor las características del tumor, estimar su evolución, clasificar subtipos, valorar la respuesta a determinados tratamientos o realizar seguimiento tras una intervención.

Biomarcadores tumorales

Los biomarcadores tumorales son señales biológicas relacionadas con la presencia, la actividad o el comportamiento de un tumor. Pueden ser sustancias producidas por las propias células tumorales, cambios genéticos o moleculares presentes en el tejido tumoral, o respuestas del organismo ante la enfermedad.

Estos biomarcadores pueden detectarse en muestras de sangre, orina, otros fluidos corporales o directamente en una biopsia del tumor. Su utilidad depende del tipo de marcador y del contexto en el que se analice: algunos ayudan a caracterizar el tumor, otros aportan información sobre su evolución y otros permiten valorar la respuesta a determinados tratamientos.

Un ejemplo clásico es el antígeno prostático específico, conocido como PSA. Se trata de una proteína producida principalmente por las células de la próstata que puede medirse mediante un análisis de sangre.

Biomarcadores en cáncer de mama

En el cáncer de mama, los biomarcadores permiten detectar características biológicas específicas del tumor, como la presencia de receptores hormonales o determinadas alteraciones moleculares. Esta información ayuda a identificar subtipos tumorales con comportamientos diferentes y a comprender mejor las particularidades de cada caso. 

Entre los biomarcadores más conocidos en este ámbito se encuentran los receptores hormonales, como el receptor de estrógenos y el receptor de progesterona, y el receptor HER2. Su análisis ayuda a diferenciar subtipos de cáncer de mama y a orientar tratamientos en función de las características del tumor. 

Biomarcador EGFR en cáncer de pulmón no microcítico

El cáncer de pulmón no microcítico es el tipo más frecuente de cáncer de pulmón y engloba varios subtipos, entre ellos el adenocarcinoma. Aunque estos tumores comparten una misma localización, pueden presentar diferencias moleculares importantes que influyen en su comportamiento biológico y en las opciones terapéuticas disponibles.

Uno de los biomarcadores más estudiados en este contexto es EGFR, un gen que codifica el receptor del factor de crecimiento epidérmico, una proteína implicada en procesos relacionados con el crecimiento y la división celular. En algunos pacientes pueden aparecer alteraciones en este gen que favorecen el desarrollo y la proliferación de las células tumorales.

El análisis de EGFR permite identificar tumores con características moleculares específicas y puede ayudar a orientar el uso de tratamientos dirigidos.

Los biomarcadores en el Alzheimer y líneas de investigación

En la enfermedad de Alzheimer, los biomarcadores son especialmente relevantes porque los cambios biológicos pueden comenzar años antes de que los síntomas sean evidentes. Tradicionalmente, el diagnóstico se ha basado en la evaluación clínica y neuropsicológica, pero la investigación actual busca complementar esa información con señales biológicas que reflejen procesos característicos de la enfermedad.

Entre los cambios más estudiados se encuentran la acumulación de beta-amiloide, las alteraciones de la proteína tau, la neurodegeneración y determinados procesos inflamatorios o sinápticos. Estos biomarcadores pueden analizarse en líquido cefalorraquídeo, sangre o mediante técnicas de neuroimagen, aunque su utilidad y grado de validación varían según el tipo de marcador y la técnica empleada.

Biomarcadores de Alzheimer en líquido cefalorraquídeo

El líquido cefalorraquídeo es una muestra de gran interés en Alzheimer porque está en contacto directo con el sistema nervioso central y puede reflejar cambios relacionados con el metabolismo cerebral. Por este motivo, ha sido una de las vías más estudiadas para analizar biomarcadores asociados a la enfermedad.

Entre los biomarcadores más utilizados en líquido cefalorraquídeo se encuentran Aβ42, tau total y tau fosforilada. Aβ42 se relaciona con el depósito de beta-amiloide, mientras que tau total y tau fosforilada se asocian con daño neuronal y alteraciones vinculadas a los ovillos neurofibrilares. El análisis conjunto de estos biomarcadores permite obtener una visión más completa que la medición aislada de un único marcador.

Biomarcadores de Alzheimer en sangre

Los biomarcadores en sangre se han convertido en una de las líneas de investigación más activas en Alzheimer. Su principal ventaja es que pueden analizarse mediante muestras más accesibles, como plasma o suero, lo que facilita su posible uso en estudios poblacionales, seguimiento longitudinal y contextos clínicos menos especializados.

Entre los biomarcadores plasmáticos más estudiados se encuentran la relación Aβ42/Aβ40, distintas formas de tau fosforilada, GFAP y NfL. Estos marcadores pueden aportar información sobre procesos vinculados a la patología amiloide, la alteración de tau, la activación glial o el daño neuroaxonal.

Sin embargo, identificar biomarcadores fiables en sangre es más complejo que en líquido cefalorraquídeo. Las concentraciones pueden ser bajas, las señales pueden verse afectadas por otros procesos del organismo y todavía existen retos relacionados con la estandarización entre laboratorios.

Biomarcador p-tau217

La p-tau217 es una variante de la proteína tau que presenta una modificación química denominada fosforilación en una posición específica de la molécula. Para entender su importancia, conviene recordar que la proteína tau participa en el mantenimiento de la estructura interna de las neuronas. En la enfermedad de Alzheimer, esta proteína puede sufrir alteraciones que favorecen su acumulación anómala en el cerebro, contribuyendo al deterioro neuronal.

La p-tau217 se considera un biomarcador prometedor porque sus niveles pueden aumentar cuando comienzan a producirse estos cambios patológicos asociados al Alzheimer. Diversos estudios han observado que existe una relación entre la concentración de p-tau217 y la presencia de otras características biológicas de la enfermedad, como los depósitos de beta-amiloide y las alteraciones detectadas mediante técnicas de neuroimagen.

Uno de los aspectos que más interés ha despertado es la posibilidad de medir la p-tau217 en muestras de sangre. Esto permitiría obtener información sobre procesos cerebrales relacionados con el Alzheimer mediante una prueba mucho menos invasiva que la obtención de líquido cefalorraquídeo. 

Por este motivo, la p-tau217 se está investigando como una herramienta potencial para la detección temprana, la clasificación de pacientes y el seguimiento de la evolución de la enfermedad.

 Preguntas frecuentes sobre Biomarcadores

  • ¿Qué son los biomarcadores tumorales?

    Los biomarcadores tumorales son señales biológicas relacionadas con la presencia, actividad o comportamiento de un tumor. Pueden ayudar a caracterizar el cáncer, estimar su evolución o valorar la respuesta a determinados tratamientos.

  • ¿Qué biomarcadores se utilizan en cáncer de mama?

    En cáncer de mama destacan biomarcadores como los receptores hormonales, entre ellos el receptor de estrógenos y el receptor de progesterona, y el receptor HER2. Su análisis ayuda a diferenciar subtipos tumorales y a orientar estrategias terapéuticas.

  • ¿Qué es el biomarcador p-tau217?

    La p-tau217 es una forma fosforilada de la proteína tau que se investiga como biomarcador en Alzheimer. Su interés se debe a que puede relacionarse con cambios biológicos característicos de la enfermedad y medirse potencialmente en sangre.

  • ¿Qué relación tienen los biomarcadores con los datos ómicos?

    Muchos biomarcadores moleculares se identifican mediante análisis de datos ómicos, como genómica, transcriptómica, proteómica o metabolómica. Estas técnicas permiten estudiar grandes volúmenes de información biológica y detectar patrones asociados a enfermedades.

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Los biomarcadores se han convertido en una herramienta clave para comprender mejor cómo aparecen, evolucionan y responden al tratamiento muchas enfermedades. Gracias a ellos, la biomedicina puede pasar de observar solo los síntomas visibles a analizar señales biológicas medibles, presentes en la sangre, los tejidos, el líquido cefalorraquídeo, la imagen médica o los datos moleculares.

Su importancia es especialmente evidente en áreas como el cáncer, el Alzheimer o la medicina personalizada, donde ayudan a detectar alteraciones, estimar riesgos, clasificar enfermedades y orientar decisiones clínicas e investigadoras. Comprender qué es exactamente un biomarcador, qué tipos existen y por qué son tan relevantes en la investigación biomédica actual resulta fundamental para entender el avance de la medicina moderna.

Qué son los biomarcadores

Los biomarcadores son señales biológicas medibles que ayudan a interpretar qué está ocurriendo dentro del organismo. Igual que la fiebre puede indicar que el cuerpo está respondiendo a una infección, otros cambios menos visibles, como la concentración de una proteína en sangre, una mutación genética o la acumulación de determinadas moléculas en un tejido, también pueden aportar información sobre un proceso biológico o una enfermedad.

Estas señales pueden detectarse en distintas muestras o pruebas, como la sangre, la orina, los tejidos, el líquido cefalorraquídeo, las pruebas de imagen o los análisis moleculares. Por eso, un biomarcador no tiene por qué ser siempre una molécula concreta: también puede ser un patrón, una medida fisiológica o un cambio observado mediante tecnología médica. 

En biomedicina, los biomarcadores actúan como una ventana a procesos que ocurren dentro del organismo y que no siempre pueden observarse directamente. Gracias a ellos, es posible convertir cambios biológicos complejos en información medible y analizable.

Para que una señal biológica pueda considerarse un biomarcador, debe poder medirse de forma objetiva, reproducible y estar asociada a un proceso biológico, una condición de salud o una enfermedad. Además, esa relación debe estar respaldada por evidencia científica que permita interpretar su significado con fiabilidad.

Para qué sirven los biomarcadores

Los biomarcadores sirven para convertir señales biológicas del organismo en información útil para la biomedicina. Su valor está en que permiten interpretar cambios internos de forma objetiva, a partir de datos medibles y comparables.

En algunos casos, permiten apoyar la detección o el diagnóstico de una enfermedad. En otros, ayudan a estimar cómo puede evolucionar, a valorar la probabilidad de respuesta a un tratamiento o a seguir los cambios que se producen a lo largo del tiempo. Por eso, los biomarcadores son especialmente relevantes en áreas como la oncología, las enfermedades neurodegenerativas y la medicina personalizada.

También tienen un papel importante en investigación biomédica, ya que permiten estudiar mecanismos de enfermedad, clasificar pacientes, identificar nuevas dianas terapéuticas y evaluar la eficacia de intervenciones o tratamientos en desarrollo.

Biomarcadores de diagnóstico

Los biomarcadores de diagnóstico ayudan a identificar la presencia de una enfermedad o de una alteración biológica concreta. Su función es aportar una señal medible que pueda apoyar el proceso diagnóstico junto con otras pruebas, la valoración clínica y el contexto del paciente.

Por ejemplo, la troponina cardíaca se utiliza como biomarcador de daño miocárdico en el estudio del infarto de miocardio. Su presencia elevada en sangre puede indicar lesión en el músculo cardíaco, aunque su interpretación debe realizarse junto con otros datos clínicos y pruebas complementarias.

Biomarcadores de pronóstico

Los biomarcadores de pronóstico aportan información sobre la posible evolución de una enfermedad. No indican necesariamente qué tratamiento funcionará mejor, sino que ayudan a estimar aspectos como el riesgo de progresión, recaída, complicaciones o gravedad.

Un ejemplo es la proteína C reactiva de alta sensibilidad, utilizada como marcador de inflamación sistémica y estudiada por su relación con el riesgo cardiovascular. En este contexto, sus valores pueden aportar información sobre la probabilidad de desarrollar eventos cardiovasculares o sobre la evolución de determinados procesos inflamatorios.

Biomarcadores predictivos

Los biomarcadores predictivos ayudan a estimar la probabilidad de respuesta a un tratamiento concreto. Son especialmente importantes en medicina personalizada, ya que permiten relacionar determinadas características biológicas con la eficacia, la falta de eficacia o el riesgo de efectos adversos ante una intervención.

Un ejemplo es el alelo HLA-B*57:01, asociado a un mayor riesgo de reacción de hipersensibilidad al abacavir, un fármaco antirretroviral. Su análisis permite identificar a pacientes con mayor probabilidad de presentar esta reacción y orientar la decisión terapéutica antes de iniciar el tratamiento. Este tipo de biomarcador también muestra cómo los datos genómicos pueden aplicarse a la toma de decisiones biomédicas, ya que parte del análisis de información genética concreta. 

Biomarcadores de monitoreo o seguimiento

Los biomarcadores de monitoreo o seguimiento permiten observar cómo cambia una enfermedad o una respuesta biológica a lo largo del tiempo. Para ello, se miden de forma repetida y se comparan sus valores en distintos momentos.

Un ejemplo es la hemoglobina glucosilada, o HbA1c, utilizada en diabetes para valorar el control glucémico durante un periodo prolongado. Al reflejar la evolución media de la glucosa en sangre, permite seguir el estado metabólico del paciente y valorar si las medidas terapéuticas o de estilo de vida están produciendo el efecto esperado.

Tipos de biomarcadores según su naturaleza biológica

Además de clasificarse por la función que cumplen, los biomarcadores también pueden diferenciarse según el tipo de señal biológica que se analiza. Esta clasificación permite entender de dónde procede la información: del ADN, del ARN, de las proteínas, de los metabolitos, de una imagen médica o de una medida fisiológica.

Esta distinción es importante porque cada tipo de biomarcador requiere técnicas de análisis diferentes y aporta información sobre una capa concreta del organismo.

Biomarcadores moleculares

Los biomarcadores moleculares son señales biológicas basadas en moléculas que pueden medirse en una muestra del organismo. Pueden estar formados por ADN, ARN, proteínas, metabolitos u otros componentes celulares que aportan información sobre un proceso biológico o una enfermedad.

Su utilidad está en que permiten estudiar alteraciones que ocurren a escala celular y molecular, antes incluso de que sean visibles mediante otros signos o manifestaciones clínicas. Gracias a ellos, es posible comprender mejor qué mecanismos biológicos están implicados en una enfermedad, diferenciar subtipos dentro de una misma patología o identificar cambios asociados a la respuesta ante una intervención.

Muchos biomarcadores moleculares se identifican mediante técnicas asociadas al análisis de datos ómicos, como la genómica, la transcriptómica, la proteómica o la metabolómica. 

Estas aproximaciones permiten analizar grandes volúmenes de información biológica y detectar patrones útiles para la investigación, el diagnóstico, la clasificación de enfermedades y el desarrollo de terapias más dirigidas.

MÁSTER EN ANÁLISIS DE DATOS ÓMICOS Y BIOLOGÍA DE SISTEMAS

Biomarcadores genéticos y genómicos

Los biomarcadores genéticos y genómicos son aquellos relacionados con el ADN. Pueden consistir en variantes genéticas heredadas, mutaciones adquiridas, alteraciones cromosómicas o cambios en regiones concretas del genoma que aportan información sobre una condición biológica o una enfermedad.

Los biomarcadores genéticos suelen hacer referencia a cambios concretos en uno o varios genes. En cambio, los biomarcadores genómicos tienen un alcance más amplio, ya que pueden analizar patrones o alteraciones en el conjunto del genoma. Esta diferencia es importante porque no siempre se estudia una única mutación aislada: en muchos casos se analizan perfiles genómicos más complejos.

En biomedicina, estos biomarcadores pueden ayudar a identificar predisposición a determinadas enfermedades, clasificar subtipos biológicos, estudiar la evolución de un proceso patológico o valorar la posible respuesta ante una intervención. 

Su análisis se apoya en técnicas como la secuenciación genética y otras herramientas de estudio del ADN.

Biomarcadores transcriptómicos

Los biomarcadores transcriptómicos están relacionados con el ARN y con los patrones de expresión génica. A diferencia de los biomarcadores genéticos, que analizan cambios en el ADN, los transcriptómicos permiten observar qué genes están activos, en qué medida se expresan y cómo cambia esa actividad en una célula, tejido o condición concreta.

Este tipo de biomarcador es útil porque una enfermedad no siempre depende solo de que exista una mutación, sino también de cómo se regula la actividad de los genes. Por ejemplo, un gen puede estar presente sin alteraciones estructurales, pero expresarse de forma excesiva, insuficiente o diferente según el estado biológico del organismo.

Los biomarcadores transcriptómicos pueden incluir ARN mensajeros, microARN u otros ARN no codificantes. Su estudio permite identificar patrones asociados a procesos como inflamación, respuesta inmunitaria, proliferación celular, daño tisular o progresión de una enfermedad.

Biomarcadores proteicos

Los biomarcadores proteicos son aquellos basados en proteínas o en cambios relacionados con ellas, como su concentración, estructura, modificación o presencia en determinados fluidos y tejidos. Las proteínas tienen un papel central en el funcionamiento del organismo, ya que intervienen en procesos como la comunicación celular, la respuesta inmunitaria, el metabolismo, la reparación de tejidos o la actividad enzimática.

Su utilidad se debe a que muchas enfermedades alteran la producción o el comportamiento de determinadas proteínas. Por ejemplo, una proteína puede aparecer en concentraciones más altas o más bajas de lo habitual, modificarse químicamente o liberarse a la sangre como consecuencia de daño celular. 

Estos cambios pueden aportar información sobre procesos inflamatorios, lesión tisular, neurodegeneración, respuesta inmunitaria o progresión de una enfermedad.

Biomarcadores metabólicos

Los biomarcadores metabólicos son aquellos relacionados con metabolitos, es decir, pequeñas moléculas que se producen o transforman durante las reacciones químicas del organismo. Estos compuestos reflejan la actividad de rutas metabólicas vinculadas a procesos como la obtención de energía, la respuesta al estrés celular, la inflamación, la función hepática o el equilibrio hormonal.

Su utilidad está en que permiten observar cambios funcionales del organismo en un momento concreto. A diferencia de otros biomarcadores que muestran información genética o molecular más estructural, los biomarcadores metabólicos pueden reflejar cómo está respondiendo el cuerpo ante una enfermedad, una alteración fisiológica, una intervención terapéutica o un cambio ambiental.

El estudio de estos biomarcadores se apoya en técnicas como la metabolómica, que analiza de forma amplia los metabolitos presentes en muestras biológicas como sangre, orina, tejidos u otros fluidos. Este enfoque permite identificar patrones metabólicos asociados a enfermedades y detectar alteraciones biológicas relevantes. 

Biomarcadores de imagen

Los biomarcadores de imagen son señales obtenidas mediante técnicas como la resonancia magnética, la tomografía por emisión de positrones, la tomografía computarizada o la ecografía. A diferencia de los biomarcadores moleculares, no se basan en una molécula concreta, sino en cambios observables en órganos, tejidos o estructuras del organismo.

Permiten visualizar alteraciones anatómicas o funcionales que pueden asociarse a una enfermedad. Por ejemplo, una pérdida de volumen en una región cerebral, una acumulación anómala de determinadas sustancias o un cambio en la actividad metabólica de un tejido pueden actuar como biomarcadores de imagen si aportan información relevante sobre un proceso patológico.

Biomarcadores fisiológicos

Los biomarcadores fisiológicos se basan en medidas funcionales del organismo, como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la capacidad respiratoria o determinados parámetros eléctricos y funcionales. Estos datos ayudan a evaluar cómo está funcionando un sistema biológico en un momento determinado.

Estos permiten observar alteraciones en funciones corporales que pueden estar relacionadas con una enfermedad, un cambio fisiológico o la respuesta ante una intervención. Por ejemplo, una presión arterial persistentemente elevada puede funcionar como señal medible de alteración cardiovascular y orientar la valoración del riesgo o del estado de salud de una persona.

Los biomarcadores en el cáncer

En oncología, los biomarcadores tienen un papel especialmente relevante porque el cáncer no es una única enfermedad, sino un conjunto de procesos caracterizados por alteraciones biológicas muy diversas. Dos tumores localizados en el mismo órgano pueden presentar comportamientos distintos si sus características moleculares, celulares o genéticas no son iguales.

Por eso, el estudio de biomarcadores permite analizar el cáncer con mayor precisión. Estas señales pueden ayudar a conocer mejor las características del tumor, estimar su evolución, clasificar subtipos, valorar la respuesta a determinados tratamientos o realizar seguimiento tras una intervención.

Biomarcadores tumorales

Los biomarcadores tumorales son señales biológicas relacionadas con la presencia, la actividad o el comportamiento de un tumor. Pueden ser sustancias producidas por las propias células tumorales, cambios genéticos o moleculares presentes en el tejido tumoral, o respuestas del organismo ante la enfermedad.

Estos biomarcadores pueden detectarse en muestras de sangre, orina, otros fluidos corporales o directamente en una biopsia del tumor. Su utilidad depende del tipo de marcador y del contexto en el que se analice: algunos ayudan a caracterizar el tumor, otros aportan información sobre su evolución y otros permiten valorar la respuesta a determinados tratamientos.

Un ejemplo clásico es el antígeno prostático específico, conocido como PSA. Se trata de una proteína producida principalmente por las células de la próstata que puede medirse mediante un análisis de sangre.

Biomarcadores en cáncer de mama

En el cáncer de mama, los biomarcadores permiten detectar características biológicas específicas del tumor, como la presencia de receptores hormonales o determinadas alteraciones moleculares. Esta información ayuda a identificar subtipos tumorales con comportamientos diferentes y a comprender mejor las particularidades de cada caso. 

Entre los biomarcadores más conocidos en este ámbito se encuentran los receptores hormonales, como el receptor de estrógenos y el receptor de progesterona, y el receptor HER2. Su análisis ayuda a diferenciar subtipos de cáncer de mama y a orientar tratamientos en función de las características del tumor. 

Biomarcador EGFR en cáncer de pulmón no microcítico

El cáncer de pulmón no microcítico es el tipo más frecuente de cáncer de pulmón y engloba varios subtipos, entre ellos el adenocarcinoma. Aunque estos tumores comparten una misma localización, pueden presentar diferencias moleculares importantes que influyen en su comportamiento biológico y en las opciones terapéuticas disponibles.

Uno de los biomarcadores más estudiados en este contexto es EGFR, un gen que codifica el receptor del factor de crecimiento epidérmico, una proteína implicada en procesos relacionados con el crecimiento y la división celular. En algunos pacientes pueden aparecer alteraciones en este gen que favorecen el desarrollo y la proliferación de las células tumorales.

El análisis de EGFR permite identificar tumores con características moleculares específicas y puede ayudar a orientar el uso de tratamientos dirigidos.

Los biomarcadores en el Alzheimer y líneas de investigación

En la enfermedad de Alzheimer, los biomarcadores son especialmente relevantes porque los cambios biológicos pueden comenzar años antes de que los síntomas sean evidentes. Tradicionalmente, el diagnóstico se ha basado en la evaluación clínica y neuropsicológica, pero la investigación actual busca complementar esa información con señales biológicas que reflejen procesos característicos de la enfermedad.

Entre los cambios más estudiados se encuentran la acumulación de beta-amiloide, las alteraciones de la proteína tau, la neurodegeneración y determinados procesos inflamatorios o sinápticos. Estos biomarcadores pueden analizarse en líquido cefalorraquídeo, sangre o mediante técnicas de neuroimagen, aunque su utilidad y grado de validación varían según el tipo de marcador y la técnica empleada.

Biomarcadores de Alzheimer en líquido cefalorraquídeo

El líquido cefalorraquídeo es una muestra de gran interés en Alzheimer porque está en contacto directo con el sistema nervioso central y puede reflejar cambios relacionados con el metabolismo cerebral. Por este motivo, ha sido una de las vías más estudiadas para analizar biomarcadores asociados a la enfermedad.

Entre los biomarcadores más utilizados en líquido cefalorraquídeo se encuentran Aβ42, tau total y tau fosforilada. Aβ42 se relaciona con el depósito de beta-amiloide, mientras que tau total y tau fosforilada se asocian con daño neuronal y alteraciones vinculadas a los ovillos neurofibrilares. El análisis conjunto de estos biomarcadores permite obtener una visión más completa que la medición aislada de un único marcador.

Biomarcadores de Alzheimer en sangre

Los biomarcadores en sangre se han convertido en una de las líneas de investigación más activas en Alzheimer. Su principal ventaja es que pueden analizarse mediante muestras más accesibles, como plasma o suero, lo que facilita su posible uso en estudios poblacionales, seguimiento longitudinal y contextos clínicos menos especializados.

Entre los biomarcadores plasmáticos más estudiados se encuentran la relación Aβ42/Aβ40, distintas formas de tau fosforilada, GFAP y NfL. Estos marcadores pueden aportar información sobre procesos vinculados a la patología amiloide, la alteración de tau, la activación glial o el daño neuroaxonal.

Sin embargo, identificar biomarcadores fiables en sangre es más complejo que en líquido cefalorraquídeo. Las concentraciones pueden ser bajas, las señales pueden verse afectadas por otros procesos del organismo y todavía existen retos relacionados con la estandarización entre laboratorios.

Biomarcador p-tau217

La p-tau217 es una variante de la proteína tau que presenta una modificación química denominada fosforilación en una posición específica de la molécula. Para entender su importancia, conviene recordar que la proteína tau participa en el mantenimiento de la estructura interna de las neuronas. En la enfermedad de Alzheimer, esta proteína puede sufrir alteraciones que favorecen su acumulación anómala en el cerebro, contribuyendo al deterioro neuronal.

La p-tau217 se considera un biomarcador prometedor porque sus niveles pueden aumentar cuando comienzan a producirse estos cambios patológicos asociados al Alzheimer. Diversos estudios han observado que existe una relación entre la concentración de p-tau217 y la presencia de otras características biológicas de la enfermedad, como los depósitos de beta-amiloide y las alteraciones detectadas mediante técnicas de neuroimagen.

Uno de los aspectos que más interés ha despertado es la posibilidad de medir la p-tau217 en muestras de sangre. Esto permitiría obtener información sobre procesos cerebrales relacionados con el Alzheimer mediante una prueba mucho menos invasiva que la obtención de líquido cefalorraquídeo. 

Por este motivo, la p-tau217 se está investigando como una herramienta potencial para la detección temprana, la clasificación de pacientes y el seguimiento de la evolución de la enfermedad.

Preguntas frecuentes

  • ¿Qué son los biomarcadores tumorales?

    Los biomarcadores tumorales son señales biológicas relacionadas con la presencia, actividad o comportamiento de un tumor. Pueden ayudar a caracterizar el cáncer, estimar su evolución o valorar la respuesta a determinados tratamientos.

    También existen otras áreas como la biotecnología dorada, morada, naranja, marrón o negra.

  • ¿Qué biomarcadores se utilizan en cáncer de mama?

    En cáncer de mama destacan biomarcadores como los receptores hormonales, entre ellos el receptor de estrógenos y el receptor de progesterona, y el receptor HER2. Su análisis ayuda a diferenciar subtipos tumorales y a orientar estrategias terapéuticas.

  • ¿Qué es el biomarcador p-tau217?

    La p-tau217 es una forma fosforilada de la proteína tau que se investiga como biomarcador en Alzheimer. Su interés se debe a que puede relacionarse con cambios biológicos característicos de la enfermedad y medirse potencialmente en sangre.

  • ¿Qué relación tienen los biomarcadores con los datos ómicos?

    Muchos biomarcadores moleculares se identifican mediante análisis de datos ómicos, como genómica, transcriptómica, proteómica o metabolómica. Estas técnicas permiten estudiar grandes volúmenes de información biológica y detectar patrones asociados a enfermedades.

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La Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) ha concedido su XIII Premio UNIA de Pintura a la artista Sheila Cañestro, por la obra Sin título (Lo cercano y lo desconocido).

El jurado, presidido por Carolina Alarcón, reconocida galerista independiente y gestora cultural en el ámbito del arte contemporáneo europeo y latinoamericano; Manuel Acosta, vicerrector de Formación Permanente y Extensión de la UNIA; Asunción Lozano, profesora de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Granada (UGR); Manuel Rosado, profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Málaga (UMA); Luis F. Martínez, profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla (US), e Isabel Ojeda, directora del Área de Cultura de la UNIA, ha destacado de la obra premiada «la calidad de su ejecución, el rigor de su proceso pictórico y la consistencia de su propuesta plástica».

Y ha añadido que «ofrece una interpretación del paisaje que trasciende su dimensión descriptiva para plantear un espacio abierto a la percepción y la incertidumbre». Además, ha valorado especialmente «la solvencia técnica de la obra, la coherencia entre sus recursos formales y su planteamiento conceptual, así como la evolución de una trayectoria artística que muestra una progresiva consolidación».

El premio consiste en una dotación de 5.000 euros, destinada a la adquisición de la obra ganadora, que pasa a formar parte del fondo pictórico de la UNIA.

El jurado ha concedido también, con el fin de reconocer otros trabajos de especial calidad, tres menciones de finalistas, sin dotación económica, a Amara Toledo, por la obra Glosario; Ilaria Cutolo, por la obra Lo que no se tira, y Joddy Erazo Vera, por la obra Pestañeo 0402.

La galardonada

La galardona ha manifestado que «estoy muy contenta por este reconocimiento, especialmente porque la obra pase a formar parte de la colección de la Universidad Internacional de Andalucía. Es un certamen de gran prestigio al que me he presentado en varias ocasiones, tanto por el nivel de las obras premiadas en ediciones anteriores como por la calidad del jurado».

En cuanto a la obra premiada, ha señalado que «es una obra que forma parte de la serie Lo cercano y lo desconocido, donde represento un paisaje envuelto en una atmósfera tenebrosa y misteriosa, aludiendo a la creciente tensión entre el ser humano y la naturaleza. Está realizada con acrílico artesanal; yo elaboro mi propia pintura con pigmento en polvo y acetato de polivinilo».

«Mi proceso pictórico, añade, se basa en la superposición de capas de pintura y en una modulación precisa de la luz dentro de una gama cromática restringida. Esta forma de trabajar potencia la pincelada como recurso gestual y otorga a la textura de la tela un especial protagonismo. La ambigüedad es fundamental en mi obra y nace del juego entre figuración y abstracción, realidad y ficción, luz y sombra».

Por último, explica que «a través de esta obra propongo una reflexión sobre la experiencia de la intemperie como condición existencial: un estar en el mundo sin refugio, expuesto a su ambigüedad e incertidumbre».

Sheila Castreño es doctora en Bellas Artes por la UMA (2021) y ha recibido numerosas becas y estancias de investigación y producción por parte de diferentes entidades en España y el extranjero. Asimismo, ha expuesto individualmente en centros públicos de Lisboa, Málaga y París y su obra está representada en colecciones como las del Colegio de España en París, la UMA o la Fundación Antonio Gala en Córdoba.

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Procedencia del alumnado

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Resultados académicos

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El consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias en funciones, Antonio Sanz, y el rector de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), José Ignacio García Pérez, han suscrito un convenio de colaboración para el desarrollo de actuaciones conjuntas en materia de formación, investigación y divulgación en el ámbito de la seguridad y las emergencias en Andalucía.

El acuerdo tiene como objetivo fortalecer la capacitación y el perfeccionamiento del personal de los servicios de seguridad y emergencias, mediante el impulso de actividades formativas, proyectos de investigación e iniciativas de transferencia del conocimiento. 

El rector José Ignacio García ha puesto en valor el acuerdo suscrito “que permite a la Internacional de Andalucía seguir avanzando en su línea estratégica de prestar apoyo, desde la formación, al resto de instituciones públicas, contribuyendo así a un servicio mejor y más eficiente hacia la sociedad”.

Antonio Sanz ha subrayado que este convenio “supone un paso adelante en la apuesta por la excelencia en la formación de nuestros profesionales”, y ha destacado la importancia de “incorporar el conocimiento universitario y la innovación a la mejora continua de los servicios públicos de seguridad y emergencias”.

El convenio contempla la puesta en marcha de proyectos conjuntos de investigación, desarrollo e innovación, así como la organización de actividades formativas especializadas, como cursos de expertos o programas de especialización, dirigidas a profesionales de la seguridad y las emergencias. 

Asimismo, ambas instituciones colaborarán en el intercambio de información, el uso compartido de recursos y el desarrollo de iniciativas formativas, con especial atención al refuerzo de las capacidades pedagógicas del profesorado y a la actualización continua de conocimientos. 

El Instituto de Emergencias y Seguridad Pública de Andalucía (IESPA) desempeñará un papel clave en el desarrollo de estas actuaciones, facilitando su plataforma de formación y participando en las actividades de estudio e investigación que se impulsen en el marco del convenio. 

El acuerdo, con una vigencia inicial de cuatro años prorrogables, contempla la creación de una comisión de seguimiento encargada de supervisar el cumplimiento del convenio, impulsar nuevas actuaciones y garantizar el adecuado desarrollo de las actividades acordadas. 

Con esta iniciativa, la Junta de Andalucía refuerza su compromiso con un modelo de seguridad pública basado en la formación continua, la innovación y la colaboración institucional, claves para afrontar con mayor eficacia los retos en materia de emergencias y protección ciudadana.

La Sede Tecnológica de Málaga cierra con un curso sobre disciplina territorial en Andalucía su programación de los Cursos de Verano