Qué son los biomarcadores y para qué sirven en biomedicina
Los biomarcadores se han convertido en una herramienta clave para comprender mejor cómo aparecen, evolucionan y responden al tratamiento muchas enfermedades. Gracias a ellos, la biomedicina puede pasar de observar solo los síntomas visibles a analizar señales biológicas medibles, presentes en la sangre, los tejidos, el líquido cefalorraquídeo, la imagen médica o los datos moleculares.
Su importancia es especialmente evidente en áreas como el cáncer, el Alzheimer o la medicina personalizada, donde ayudan a detectar alteraciones, estimar riesgos, clasificar enfermedades y orientar decisiones clínicas e investigadoras. Comprender qué es exactamente un biomarcador, qué tipos existen y por qué son tan relevantes en la investigación biomédica actual resulta fundamental para entender el avance de la medicina moderna.
Qué son los biomarcadores
Los biomarcadores son señales biológicas medibles que ayudan a interpretar qué está ocurriendo dentro del organismo. Igual que la fiebre puede indicar que el cuerpo está respondiendo a una infección, otros cambios menos visibles, como la concentración de una proteína en sangre, una mutación genética o la acumulación de determinadas moléculas en un tejido, también pueden aportar información sobre un proceso biológico o una enfermedad.
Estas señales pueden detectarse en distintas muestras o pruebas, como la sangre, la orina, los tejidos, el líquido cefalorraquídeo, las pruebas de imagen o los análisis moleculares. Por eso, un biomarcador no tiene por qué ser siempre una molécula concreta: también puede ser un patrón, una medida fisiológica o un cambio observado mediante tecnología médica.
En biomedicina, los biomarcadores actúan como una ventana a procesos que ocurren dentro del organismo y que no siempre pueden observarse directamente. Gracias a ellos, es posible convertir cambios biológicos complejos en información medible y analizable.
Para que una señal biológica pueda considerarse un biomarcador, debe poder medirse de forma objetiva, reproducible y estar asociada a un proceso biológico, una condición de salud o una enfermedad. Además, esa relación debe estar respaldada por evidencia científica que permita interpretar su significado con fiabilidad.
Para qué sirven los biomarcadores
Los biomarcadores sirven para convertir señales biológicas del organismo en información útil para la biomedicina. Su valor está en que permiten interpretar cambios internos de forma objetiva, a partir de datos medibles y comparables.
En algunos casos, permiten apoyar la detección o el diagnóstico de una enfermedad. En otros, ayudan a estimar cómo puede evolucionar, a valorar la probabilidad de respuesta a un tratamiento o a seguir los cambios que se producen a lo largo del tiempo. Por eso, los biomarcadores son especialmente relevantes en áreas como la oncología, las enfermedades neurodegenerativas y la medicina personalizada.
También tienen un papel importante en investigación biomédica, ya que permiten estudiar mecanismos de enfermedad, clasificar pacientes, identificar nuevas dianas terapéuticas y evaluar la eficacia de intervenciones o tratamientos en desarrollo.
Biomarcadores de diagnóstico
Los biomarcadores de diagnóstico ayudan a identificar la presencia de una enfermedad o de una alteración biológica concreta. Su función es aportar una señal medible que pueda apoyar el proceso diagnóstico junto con otras pruebas, la valoración clínica y el contexto del paciente.
Por ejemplo, la troponina cardíaca se utiliza como biomarcador de daño miocárdico en el estudio del infarto de miocardio. Su presencia elevada en sangre puede indicar lesión en el músculo cardíaco, aunque su interpretación debe realizarse junto con otros datos clínicos y pruebas complementarias.
Biomarcadores de pronóstico
Los biomarcadores de pronóstico aportan información sobre la posible evolución de una enfermedad. No indican necesariamente qué tratamiento funcionará mejor, sino que ayudan a estimar aspectos como el riesgo de progresión, recaída, complicaciones o gravedad.
Un ejemplo es la proteína C reactiva de alta sensibilidad, utilizada como marcador de inflamación sistémica y estudiada por su relación con el riesgo cardiovascular. En este contexto, sus valores pueden aportar información sobre la probabilidad de desarrollar eventos cardiovasculares o sobre la evolución de determinados procesos inflamatorios.
Biomarcadores predictivos
Los biomarcadores predictivos ayudan a estimar la probabilidad de respuesta a un tratamiento concreto. Son especialmente importantes en medicina personalizada, ya que permiten relacionar determinadas características biológicas con la eficacia, la falta de eficacia o el riesgo de efectos adversos ante una intervención.
Un ejemplo es el alelo HLA-B*57:01, asociado a un mayor riesgo de reacción de hipersensibilidad al abacavir, un fármaco antirretroviral. Su análisis permite identificar a pacientes con mayor probabilidad de presentar esta reacción y orientar la decisión terapéutica antes de iniciar el tratamiento. Este tipo de biomarcador también muestra cómo los datos genómicos pueden aplicarse a la toma de decisiones biomédicas, ya que parte del análisis de información genética concreta.
Biomarcadores de monitoreo o seguimiento
Los biomarcadores de monitoreo o seguimiento permiten observar cómo cambia una enfermedad o una respuesta biológica a lo largo del tiempo. Para ello, se miden de forma repetida y se comparan sus valores en distintos momentos.
Un ejemplo es la hemoglobina glucosilada, o HbA1c, utilizada en diabetes para valorar el control glucémico durante un periodo prolongado. Al reflejar la evolución media de la glucosa en sangre, permite seguir el estado metabólico del paciente y valorar si las medidas terapéuticas o de estilo de vida están produciendo el efecto esperado.
Tipos de biomarcadores según su naturaleza biológica
Además de clasificarse por la función que cumplen, los biomarcadores también pueden diferenciarse según el tipo de señal biológica que se analiza. Esta clasificación permite entender de dónde procede la información: del ADN, del ARN, de las proteínas, de los metabolitos, de una imagen médica o de una medida fisiológica.
Esta distinción es importante porque cada tipo de biomarcador requiere técnicas de análisis diferentes y aporta información sobre una capa concreta del organismo.

Biomarcadores moleculares
Los biomarcadores moleculares son señales biológicas basadas en moléculas que pueden medirse en una muestra del organismo. Pueden estar formados por ADN, ARN, proteínas, metabolitos u otros componentes celulares que aportan información sobre un proceso biológico o una enfermedad.
Su utilidad está en que permiten estudiar alteraciones que ocurren a escala celular y molecular, antes incluso de que sean visibles mediante otros signos o manifestaciones clínicas. Gracias a ellos, es posible comprender mejor qué mecanismos biológicos están implicados en una enfermedad, diferenciar subtipos dentro de una misma patología o identificar cambios asociados a la respuesta ante una intervención.
Muchos biomarcadores moleculares se identifican mediante técnicas asociadas al análisis de datos ómicos, como la genómica, la transcriptómica, la proteómica o la metabolómica.
Estas aproximaciones permiten analizar grandes volúmenes de información biológica y detectar patrones útiles para la investigación, el diagnóstico, la clasificación de enfermedades y el desarrollo de terapias más dirigidas.
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Biomarcadores genéticos y genómicos
Los biomarcadores genéticos y genómicos son aquellos relacionados con el ADN. Pueden consistir en variantes genéticas heredadas, mutaciones adquiridas, alteraciones cromosómicas o cambios en regiones concretas del genoma que aportan información sobre una condición biológica o una enfermedad.
Los biomarcadores genéticos suelen hacer referencia a cambios concretos en uno o varios genes. En cambio, los biomarcadores genómicos tienen un alcance más amplio, ya que pueden analizar patrones o alteraciones en el conjunto del genoma. Esta diferencia es importante porque no siempre se estudia una única mutación aislada: en muchos casos se analizan perfiles genómicos más complejos.
En biomedicina, estos biomarcadores pueden ayudar a identificar predisposición a determinadas enfermedades, clasificar subtipos biológicos, estudiar la evolución de un proceso patológico o valorar la posible respuesta ante una intervención.
Su análisis se apoya en técnicas como la secuenciación genética y otras herramientas de estudio del ADN.
Biomarcadores transcriptómicos
Los biomarcadores transcriptómicos están relacionados con el ARN y con los patrones de expresión génica. A diferencia de los biomarcadores genéticos, que analizan cambios en el ADN, los transcriptómicos permiten observar qué genes están activos, en qué medida se expresan y cómo cambia esa actividad en una célula, tejido o condición concreta.
Este tipo de biomarcador es útil porque una enfermedad no siempre depende solo de que exista una mutación, sino también de cómo se regula la actividad de los genes. Por ejemplo, un gen puede estar presente sin alteraciones estructurales, pero expresarse de forma excesiva, insuficiente o diferente según el estado biológico del organismo.
Los biomarcadores transcriptómicos pueden incluir ARN mensajeros, microARN u otros ARN no codificantes. Su estudio permite identificar patrones asociados a procesos como inflamación, respuesta inmunitaria, proliferación celular, daño tisular o progresión de una enfermedad.
Biomarcadores proteicos
Los biomarcadores proteicos son aquellos basados en proteínas o en cambios relacionados con ellas, como su concentración, estructura, modificación o presencia en determinados fluidos y tejidos. Las proteínas tienen un papel central en el funcionamiento del organismo, ya que intervienen en procesos como la comunicación celular, la respuesta inmunitaria, el metabolismo, la reparación de tejidos o la actividad enzimática.
Su utilidad se debe a que muchas enfermedades alteran la producción o el comportamiento de determinadas proteínas. Por ejemplo, una proteína puede aparecer en concentraciones más altas o más bajas de lo habitual, modificarse químicamente o liberarse a la sangre como consecuencia de daño celular.
Estos cambios pueden aportar información sobre procesos inflamatorios, lesión tisular, neurodegeneración, respuesta inmunitaria o progresión de una enfermedad.
Biomarcadores metabólicos
Los biomarcadores metabólicos son aquellos relacionados con metabolitos, es decir, pequeñas moléculas que se producen o transforman durante las reacciones químicas del organismo. Estos compuestos reflejan la actividad de rutas metabólicas vinculadas a procesos como la obtención de energía, la respuesta al estrés celular, la inflamación, la función hepática o el equilibrio hormonal.
Su utilidad está en que permiten observar cambios funcionales del organismo en un momento concreto. A diferencia de otros biomarcadores que muestran información genética o molecular más estructural, los biomarcadores metabólicos pueden reflejar cómo está respondiendo el cuerpo ante una enfermedad, una alteración fisiológica, una intervención terapéutica o un cambio ambiental.
El estudio de estos biomarcadores se apoya en técnicas como la metabolómica, que analiza de forma amplia los metabolitos presentes en muestras biológicas como sangre, orina, tejidos u otros fluidos. Este enfoque permite identificar patrones metabólicos asociados a enfermedades y detectar alteraciones biológicas relevantes.
Biomarcadores de imagen
Los biomarcadores de imagen son señales obtenidas mediante técnicas como la resonancia magnética, la tomografía por emisión de positrones, la tomografía computarizada o la ecografía. A diferencia de los biomarcadores moleculares, no se basan en una molécula concreta, sino en cambios observables en órganos, tejidos o estructuras del organismo.
Permiten visualizar alteraciones anatómicas o funcionales que pueden asociarse a una enfermedad. Por ejemplo, una pérdida de volumen en una región cerebral, una acumulación anómala de determinadas sustancias o un cambio en la actividad metabólica de un tejido pueden actuar como biomarcadores de imagen si aportan información relevante sobre un proceso patológico.
Biomarcadores fisiológicos
Los biomarcadores fisiológicos se basan en medidas funcionales del organismo, como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la capacidad respiratoria o determinados parámetros eléctricos y funcionales. Estos datos ayudan a evaluar cómo está funcionando un sistema biológico en un momento determinado.
Estos permiten observar alteraciones en funciones corporales que pueden estar relacionadas con una enfermedad, un cambio fisiológico o la respuesta ante una intervención. Por ejemplo, una presión arterial persistentemente elevada puede funcionar como señal medible de alteración cardiovascular y orientar la valoración del riesgo o del estado de salud de una persona.
Los biomarcadores en el cáncer
En oncología, los biomarcadores tienen un papel especialmente relevante porque el cáncer no es una única enfermedad, sino un conjunto de procesos caracterizados por alteraciones biológicas muy diversas. Dos tumores localizados en el mismo órgano pueden presentar comportamientos distintos si sus características moleculares, celulares o genéticas no son iguales.
Por eso, el estudio de biomarcadores permite analizar el cáncer con mayor precisión. Estas señales pueden ayudar a conocer mejor las características del tumor, estimar su evolución, clasificar subtipos, valorar la respuesta a determinados tratamientos o realizar seguimiento tras una intervención.
Biomarcadores tumorales
Los biomarcadores tumorales son señales biológicas relacionadas con la presencia, la actividad o el comportamiento de un tumor. Pueden ser sustancias producidas por las propias células tumorales, cambios genéticos o moleculares presentes en el tejido tumoral, o respuestas del organismo ante la enfermedad.
Estos biomarcadores pueden detectarse en muestras de sangre, orina, otros fluidos corporales o directamente en una biopsia del tumor. Su utilidad depende del tipo de marcador y del contexto en el que se analice: algunos ayudan a caracterizar el tumor, otros aportan información sobre su evolución y otros permiten valorar la respuesta a determinados tratamientos.
Un ejemplo clásico es el antígeno prostático específico, conocido como PSA. Se trata de una proteína producida principalmente por las células de la próstata que puede medirse mediante un análisis de sangre.
Biomarcadores en cáncer de mama
En el cáncer de mama, los biomarcadores permiten detectar características biológicas específicas del tumor, como la presencia de receptores hormonales o determinadas alteraciones moleculares. Esta información ayuda a identificar subtipos tumorales con comportamientos diferentes y a comprender mejor las particularidades de cada caso.
Entre los biomarcadores más conocidos en este ámbito se encuentran los receptores hormonales, como el receptor de estrógenos y el receptor de progesterona, y el receptor HER2. Su análisis ayuda a diferenciar subtipos de cáncer de mama y a orientar tratamientos en función de las características del tumor.
Biomarcador EGFR en cáncer de pulmón no microcítico
El cáncer de pulmón no microcítico es el tipo más frecuente de cáncer de pulmón y engloba varios subtipos, entre ellos el adenocarcinoma. Aunque estos tumores comparten una misma localización, pueden presentar diferencias moleculares importantes que influyen en su comportamiento biológico y en las opciones terapéuticas disponibles.
Uno de los biomarcadores más estudiados en este contexto es EGFR, un gen que codifica el receptor del factor de crecimiento epidérmico, una proteína implicada en procesos relacionados con el crecimiento y la división celular. En algunos pacientes pueden aparecer alteraciones en este gen que favorecen el desarrollo y la proliferación de las células tumorales.
El análisis de EGFR permite identificar tumores con características moleculares específicas y puede ayudar a orientar el uso de tratamientos dirigidos.
Los biomarcadores en el Alzheimer y líneas de investigación
En la enfermedad de Alzheimer, los biomarcadores son especialmente relevantes porque los cambios biológicos pueden comenzar años antes de que los síntomas sean evidentes. Tradicionalmente, el diagnóstico se ha basado en la evaluación clínica y neuropsicológica, pero la investigación actual busca complementar esa información con señales biológicas que reflejen procesos característicos de la enfermedad.
Entre los cambios más estudiados se encuentran la acumulación de beta-amiloide, las alteraciones de la proteína tau, la neurodegeneración y determinados procesos inflamatorios o sinápticos. Estos biomarcadores pueden analizarse en líquido cefalorraquídeo, sangre o mediante técnicas de neuroimagen, aunque su utilidad y grado de validación varían según el tipo de marcador y la técnica empleada.
Biomarcadores de Alzheimer en líquido cefalorraquídeo
El líquido cefalorraquídeo es una muestra de gran interés en Alzheimer porque está en contacto directo con el sistema nervioso central y puede reflejar cambios relacionados con el metabolismo cerebral. Por este motivo, ha sido una de las vías más estudiadas para analizar biomarcadores asociados a la enfermedad.
Entre los biomarcadores más utilizados en líquido cefalorraquídeo se encuentran Aβ42, tau total y tau fosforilada. Aβ42 se relaciona con el depósito de beta-amiloide, mientras que tau total y tau fosforilada se asocian con daño neuronal y alteraciones vinculadas a los ovillos neurofibrilares. El análisis conjunto de estos biomarcadores permite obtener una visión más completa que la medición aislada de un único marcador.
Biomarcadores de Alzheimer en sangre
Los biomarcadores en sangre se han convertido en una de las líneas de investigación más activas en Alzheimer. Su principal ventaja es que pueden analizarse mediante muestras más accesibles, como plasma o suero, lo que facilita su posible uso en estudios poblacionales, seguimiento longitudinal y contextos clínicos menos especializados.
Entre los biomarcadores plasmáticos más estudiados se encuentran la relación Aβ42/Aβ40, distintas formas de tau fosforilada, GFAP y NfL. Estos marcadores pueden aportar información sobre procesos vinculados a la patología amiloide, la alteración de tau, la activación glial o el daño neuroaxonal.
Sin embargo, identificar biomarcadores fiables en sangre es más complejo que en líquido cefalorraquídeo. Las concentraciones pueden ser bajas, las señales pueden verse afectadas por otros procesos del organismo y todavía existen retos relacionados con la estandarización entre laboratorios.
Biomarcador p-tau217
La p-tau217 es una variante de la proteína tau que presenta una modificación química denominada fosforilación en una posición específica de la molécula. Para entender su importancia, conviene recordar que la proteína tau participa en el mantenimiento de la estructura interna de las neuronas. En la enfermedad de Alzheimer, esta proteína puede sufrir alteraciones que favorecen su acumulación anómala en el cerebro, contribuyendo al deterioro neuronal.
La p-tau217 se considera un biomarcador prometedor porque sus niveles pueden aumentar cuando comienzan a producirse estos cambios patológicos asociados al Alzheimer. Diversos estudios han observado que existe una relación entre la concentración de p-tau217 y la presencia de otras características biológicas de la enfermedad, como los depósitos de beta-amiloide y las alteraciones detectadas mediante técnicas de neuroimagen.
Uno de los aspectos que más interés ha despertado es la posibilidad de medir la p-tau217 en muestras de sangre. Esto permitiría obtener información sobre procesos cerebrales relacionados con el Alzheimer mediante una prueba mucho menos invasiva que la obtención de líquido cefalorraquídeo.
Por este motivo, la p-tau217 se está investigando como una herramienta potencial para la detección temprana, la clasificación de pacientes y el seguimiento de la evolución de la enfermedad.
Preguntas frecuentes
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¿Qué son los biomarcadores tumorales?
Los biomarcadores tumorales son señales biológicas relacionadas con la presencia, actividad o comportamiento de un tumor. Pueden ayudar a caracterizar el cáncer, estimar su evolución o valorar la respuesta a determinados tratamientos.
También existen otras áreas como la biotecnología dorada, morada, naranja, marrón o negra.
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¿Qué biomarcadores se utilizan en cáncer de mama?
En cáncer de mama destacan biomarcadores como los receptores hormonales, entre ellos el receptor de estrógenos y el receptor de progesterona, y el receptor HER2. Su análisis ayuda a diferenciar subtipos tumorales y a orientar estrategias terapéuticas.
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¿Qué es el biomarcador p-tau217?
La p-tau217 es una forma fosforilada de la proteína tau que se investiga como biomarcador en Alzheimer. Su interés se debe a que puede relacionarse con cambios biológicos característicos de la enfermedad y medirse potencialmente en sangre.
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¿Qué relación tienen los biomarcadores con los datos ómicos?
Muchos biomarcadores moleculares se identifican mediante análisis de datos ómicos, como genómica, transcriptómica, proteómica o metabolómica. Estas técnicas permiten estudiar grandes volúmenes de información biológica y detectar patrones asociados a enfermedades.